No morir




Desperté y no sabía si habían pasado una o veinte horas,
dos días o una vida.

Desperté y no sabía si ya era hoy o aun el ayer,
si lo que la ventana me mostraba era la misma lluvia con la que una vez me recosté.

Desperté y no sabía si amanecía o anochecía,
en la misma cama fría que me pretendía abrigar.

Desperté anhelando la caída de la noche,
entendiendo que el gris suele ser más oscuro que el negro,
porque el plomizo todavía te permite ver.

Desperté y no sabía si había despertado,
porque ese sentir sólo debería ser pasajero, sólo soñado.

Desperté y no sabía si había transpirado tristeza o si mi empapada espalda había sido testigo del umbral abierto que vio el agua caer.

Desperté y no entendía qué había pasado con los peldaños ahora derrumbados; escombros al pie de mi cama, espectros que un día rígidos pudieron ser.

Desperté escribiendo esto, presa de un trance de pensamientos.

Muté una maraña de incertidumbre a una hoja; tinta y papel.

Comentarios

Entradas populares